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Neruda el politico.

nerpol1​Pablo Neruda con sus compañeros y su familia

 

Gustavo Espinoza M. 

 
 

Comenzaré con una cita de Neruda:

 

 

"Muchagente ha creído que yo soy un político importante. No sé de dónde ha salido tan insigne leyenda. Yo escogí el difícil camino de una responsabilidad compartida y, antes de reiterar la adoración hacia el individuo como sol central del sistema, preferí entregar con humildad mi servicio a un considerable ejército que a trechos puede equivocarse, pero que camina sin descanso y avanza cada día enfrentándose tanto a los anacrónicos recalcitrantes como a los infatuados impacientes. Porque creo que mis deberes de poeta no sólo me indicaban la fraternidad con la rosa y la simetría, con el exaltado amor y con la nostalgia infinita, sino también con las ásperas tareas humanas que incorporé a mi poesía". Esto dijo Pablo Neruda al recibir el Premio Nobel de la Literatura, hace cuarenta años, en diciembre de 1971 en una neblinosa mañana europea.

 

Bien podría decirse que esa fue una manera más bien modesta de negar un segmento decisivo de su vida. También, un modo sencillo  de devaluar su mensaje, para no opacar lo que mucha gente prefiere ver en él: el poeta del amor que irrumpió en el escenario latinoamericano a comienzo de los años veinte del siglo pasado.

 

En verdad, Neruda tuvo ambas facetas no solo en su producción literaria, sino en su vida concreta. Y eso ocurrió, de comienzo a fin de su existencia, desde que naciera en Parral, esa pequeña y olvidada localidad del sur de Chile en la que coexistieran apenas dos estaciones: la del ferrocarril y la de la lluvia –como él mismo lo dijera lánguidamente-; hasta el momento de su muerte, acosado por la barbarie y el fascismo en el Santiago tomado a sangre y fuego por las hordas asesinas que días antes bombardearan La Moneda y provocaran la caída de Salvador Allende, en septiembre de 1973.

 

Si bien es cierto que la vida de Pablo Neruda fue una sucesión homogénea de vivencias y emociones; hay que admitir que entre 1921 cuando obtuvo su primer premio literario al publicar su poema “La Canción de la Fiesta” en un concurso convocado por la Federación de Estudiantes de Chile; y 1936, año del inicio de la Guerra Civil Española: predominó en el poeta del Arauco su matiz amoroso.

 

Sus poemas de amor brillaron con inusitado vigor y nutrieron los afectos de millones de jóvenes que encontraron un modo simple, pero esplendoroso, de revelar su intimidad. No hay que soslayar, sin embargo, el hecho que corresponde a este periodo, y a su libro “Crepusculario”, un poema en el que el autor desliza una primera mirada a su propia infancia desolada, a sus angustias y a sus dolores, a sus pesares y a sus pasiones. Nos dice allí:

 

“Fueron  creadas por mí estas palabras / con sangre mía, con dolores míos; fueron creadas! Yo lo comprendo amigos, yo lo comprendo todo / Se mezclaron voces ajenas a las mías, / yo lo comprendo amigos… / Palabras para la alegría / cuando era mi corazón / una corola de llamas / palabras del dolor que clava / de los instintos que remuerden / de los impulsos que amenazan / de los infinitos deseos / de las inquietudes amargas / palabras del amor, que en mi vida florece / como una tierra roja llena de umbelas blancas”.

 

Después vendrían sus 20 Poemas de Amor y una canción desesperada; tu “Tentativa del hombre infinito”, y luego “El habitante y su esperanza”. Allí el poeta proclama su voluntad de “hombre tranquilo, enemigo de leyes, gobiernos e instituciones establecidas”. “Tengo repulsión –allí añade- “por el burgués, y me gusta la vida de la gente intranquila e insatisfecha”

 

Esta, ciertamente, constituye su primera vocación de corte anarquista, que le abrirá la puerta para nuevas experiencias, pero será también el preludio de su incursión asiática que, a partir de 1927 lo llevará a Rangoon, Colombo, Calcuta y Java; etapa que corresponde a dos de sus obras más significativas: “El hondero entusiasta” y “Residencia en la tierra”, Ella le permitirá abrir los ojos a un nuevo escenario en el que coexistían la opulencia y la miseria;  el abandono y el progreso; la oscuridad y la luz.

 

A ese periodo, cuya última etapa vivió en la España de la República naciente, corresponde un nuevo despertar. En él, Neruda descubre que “la sangre tiene dedos y abre túneles / debajo de la tierra”.

 

Esa sangre, en efecto, asomará desde debajo de la tierra para empapar el suelo de la España martirizada por el horror y la muerte como consecuencia del accionar de los malditos, “los que un día no miraron, los que no adelantaron a la solemne patria el pan, sino las lágrimas”.

 

Aquí puede situarse el viraje intelectual, pero también ideológico, del poeta, que nos explica con mágicas palabras el escenario que tiene ante sus ojos y que lo obliga a olvidar sus musas para desgarrar su grito.

 

Preguntaréis: Y dónde están las lilas?

Y la metafísica cubierta de amapolas?

Y la lluvia que a menudo golpeaba

sus palabras llenándolas

de agujeros y pájaros?

.

Os voy a contar todo lo que me pasa.

Yo vivía en un barrio

de Madrid, con campanas,

con relojes, con árboles.

Desde allí se veía

el rostro seco de Castilla

como un océano de cuero.

Mi casa era llamada

la casa de las flores, porque por todas partes

estallaban geranios.

…………………………………………………………………………

Y una mañana, todo estaba ardiendo,

y una mañana las hogueras

salían de la tierra

devorando seres,

y desde entonces fuego,

pólvora desde entonces,

y desde entonces sangre.

Bandidos con aviones y con moros,

bandidos con sortijas y duquesas,

bandidos con frailes negros bendiciendo

venían por el cielo a matar niños,

y por las calles la sangre de los niños

corría simplemente, como sangre de niños.

.

Chacales que el chacal rechazarla,

piedras que el cardo seco mordería escupiendo,

víboras que las víboras odiaran!

.

Frente a vosotros he visto la sangre

de España levantarse

para ahogaros en una sola ola

de orgullo y de cuchillos!

.

Generales

traidores:

mirad mi casa muerta,

mirad España rota:

pero de cada casa muerta sale metal ardiendo

en vez de flores,

pero de cada hueco de España

sale España,

pero de cada niño muerto sale un fusil con ojos,

pero de cada crimen nacen balas

que os hallarán un día el sitio

del corazón.

.

Preguntaréis por qué su poesía

no nos habla del sueño, de las hojas,

de los grandes volcanes de su país natal?

.

Venid a ver la sangre por las calles,

venid a ver

la sangre por las calles,

venid a ver la sangre

por las calles!

 

Esta formidable proclama marcará sin duda un hito en la vida y en la obra del poeta. Será el inicio de todo su periplo ideológico y político. El punto de partida de su itinerario posterior. El que explicará la adhesión inquebrantable de Neruda a la causa de la República Española, su identificación estratégica con la Unión Soviética y su odio feroz al fascismo y a la muerte, que lo llevará a colocar al general Franco en los infiernos

 

“Solo y maldito seas / solo y despierto seas entre todos los muertos / y que la sangre caiga en ti como la lluvia / y que un agonizante río de ojos cortados / te resbale y recorra mirándote sin término”.

 

Aquí encontraremos sin duda el génesis de poemas que corresponden al convulso escenario de su época: “El canto a Stalingrado” y su complemento natural, “El nuevo canto de amor a Stalingrado”, en los que se define con meridiana claridad la posición de Neruda en el fragoroso episodio de la II Gran Guerra.

 

Neruda brilla aquí por su vigorosa identificación con la antigua URSS, su pueblo y su bandera. Cada uno de los poemas que produjera su genio en esta aciaga etapa de la historia, constituye un inabdicable compromiso no sólo con la belleza literaria, sino también con la verdad histórica y el compromiso político.

 

Todo esto lleva al poeta a incorporarse, en 1945 al Partido Comunista de Chile –el Partido de Recabarren, Elías Laferte y Ricardo Fonseca; y el que será, después, el Partido de Víctor Jara, de Gladys Marín, de Luis Corvalán y de tantos otros, gloriosos luchadores. A él, lo representa con singular brillantez como Senador en una dura etapa de la historia de Chile.

 

En esos años, como se recuerda, Neruda se ve alentado a escribir encendidas proclamas contra el Presidente que contribuyó a elegir -el innombrable González Videla- que traicionó a su pueblo y abrió los campos de concentración de Pisagua asesinando obreros a su antojo.

 

 Pieza maestra de esta etapa, es no precisamente un poema, sino una formidable denuncia parlamentaria titulada al estilo de Emilio Zolá como “Yo acuso”, que pronuncia en el honorable Congreso en enero de 1948 y que motivará su desafuero y persecución a partir de febrero de ese año.

 

 Neruda, siempre a la ofensiva, usa su tiempo para escribir además, una de sus obras cumbres, el “Canto General”, un monumental poema en el que narra la historia de América desde los tiempos originarios hasta la etapa actual  descubriendo y describiendo, acontecimientos, personajes, luchas y cimeros episodios de los pueblos.

 

 A esta obra corresponde un poemario gratísimo para nosotros, “Alturas de Macchu Picchu”, que concluye con un llamamiento imperecedero:

 

 “Dadme el silencio, el agua, la esperanza

Dadme la lucha, el hierro, los volcanes.

Apegadme los cuerpos como imanes.

Acudid a mis venas y a mi boca

Hablad por mis palabras y mi sangre”

 

 También, muchos otros poemas de calidad inigualable. Debiéramos sin embargo, recordar tan solo tres de ellos: “La educación del cacique” dedicado al valeroso guerrero Lautaro, el “Dicho en Pacaembú”, en 1945, destinado a exaltar la epónima figura de Luis Carlos Prestes; y “Tupac Amaru.1781”. Allí se asevera premonitoriamente:

 

 Los hondos pueblos de la arcilla

Los telares sacrificados

Las húmedas casas de arena

Dicen en silencio: “Tupac”

Y Tupac es una semilla,

Dicen en silencio Tupac

Y Tupac se guarda en el surco,

Dicen en silencio: “Tupac”

Y Tupac germina en la tierra

 

 La obra de Neruda mantiene enhiesta su bandera a lo largo del tiempo, y de los años. Y se eleva en el combate de su pueblo enfrentando las contingencias más adversas. Brilla con la lucha de su pueblo, y con el refulgente esplendor de las batallas que libran los hombres en cada recodo del camino.

 

Su propio pueblo y su creación más valerosa y fecunda, la Unidad Popular; Vietnam heroico, Cuba Socialista y su estrella solitaria, lapaz y su vigorosa estampa asoman de modo cotidiano en sus poemas de combate. Y su luz alumbra a las figuras más descollantes de su tiempo. Salvador Allende y Ernesto “Che” Guevara, son emblemas de esa hora, heroica y dolorosa.

 

Allende exaltó hasta el fin la obra del poeta. Y el “Che” llevó en su mochila de heroico guerrillero el “Canto General” de Pablo Neruda, en lo que constituye por cierto un homenaje ambivalente. Neruda, querido por el héroe. Y el héroe, en las páginas vigorosas del poeta.

 

Y es que Neruda, que levanta su voz en cada circunstancia de estos años epopéyicos, hará suya la del “Che”, y caerá luego con el compañero Presidente, abatido por el crimen y el fascismo.

 

 Ambos, sin embargo, quedaron en la historia.

 

Hoy, nadie recuerda el nombre de los oscuros aviadores que bombardearon La Moneda, aquella mañana de septiembre de 1973. Pocos recuerdan, además, la identidad de los generales traidores que se alzaron a la sombra de Pinochet en el alevoso crimen que consumaran contra Chile ante el horror del mundo, y que hoy miran al mundo tras las rejas, condenados por sus crímenes de Lesa Humanidad. Pero el nombre de Pablo Neruda brilla en nuestro tiempo como el de Ernesto “Che” Guevara, Carlos Fonseca Amador, Luis Carlos Prestes, Salvador Allende, José Carlos Mariategui o José María Arguedas; figuras todas del siglo XX, que pasará a la historia como la semilla del tiempo nuevo.

 

América -“Nuestra América”, como la llamara también José Carlos Mariátegui- vive tiempos de lucha, y de cambio. Deja de ser ya pasivo territorio en el cual los consorcios extranjeros encuentran fuentes y recursos. Y asoma como un nuevo escenario de la confrontación a partir de experiencias inéditas de innegable valor

 

 Hoy, países tan disímiles, como Nicaragua o Bolivia; Uruguay o Venezuela; Ecuador o Argentina; El Salvador o el Perú despiertan de un antiguo letargo.

 

 En el porvenir de nuestro continente, con César Vallejo en el recuerdo, la imagen de Pablo Neruda, el político, reverdece con gloria y esperanza. Muchas gracias.

 


Lima, 2 de diciembre del 2011

(*) Intervención en acto de homenaje a Pablo Neruda celebrado la noche del viernes 2 de diciembre en el auditorio de la Derrama Magisterial, en Lima, por iniciativa de “Asociación Bibliotecas para el pueblo”. Participaron en el evento también el poeta Arturo Corcuera; la señorita Grace Gálvez y el escritor chileno Máximo Kinast,

Florilegio: www.antologiapopular1972.cl

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