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La voz de los sin voz en Canto General de Pablo Neruda.

Nydia Aylwin de Barros

 

 

Todo intento de transformación de la realidad social debe fundamentarse en el conocimiento; la gama de aspectos que éste abarque y el nivel en que se desarrolle condicionan el tipo de práctica que de él se deduce y la retroalimentación que de ella surge. 

En su voluntad de convertirse en una práctica científica, el trabajo social se fundamenta cada vez más sólidamente en las ciencias sociales, además de los conocimientos provenientes de su propia práctica. 
 
Existe un amplio consenso sobre la importancia de basar la acción profesional en el conocimiento científico, y hacia la ciencia social se vuelve el trabajador social cuando no encuentra en su propio acervo de conocimientos los elementos necesarios para la comprensión de los fenómenos sociales. 
 
Pero no es la ciencia la única fuente que puede aportar al trabajo social. 
 
Existen otras áreas del saber humano escasamente exploradas aún por la profesión para su desarrollo como disciplina, y una de ellas es el arte en sus diferentes expresiones: pintura, literatura, música, folklore popular, etc.; el arte expresa la realidad social con una riqueza vital que escapa a las posibilidades de la ciencia. 
 
El campo de la literatura es tal vez uno de los que más posibilidades ofrece en relación a nuestros intereses. 
 
Literatura y sociedad están directamente relacionadas. 
 
La literatura es un reflejo de la sociedad, está condicionada por ella, La poesía, la novela, el ensayo, no expresan solamente la interioridad del autor y su genio creador, sino también su reacción frente a una realidad que lo condiclona y su visión del mundo, visión que en el artista auténtico es altamente iluminadora. 
 
La literatura es especialmente sensible a los principales problemas de cada época, los recoge, los elabora y los expresa en múltiples y variadas formas. 
 
Si queremos conocer una sociedad determinada, mucho nos dirán de ella sus escritores. 
 
No nos referimos aquí sólo a la literatura que podríamos denominar social o de denuncia, sino a la literatura en general. 
 
A diferencia de la ciencia, ésta no intenta describir objetos, sino ofrecer una representación -expresión de vivencias, percepciones y sentimientos- representación que no es intelectual puramente, sino principalmente sensible. 
 
De este modo, lo que la literatura expresa no son las estructuras o sistemas sociales, para cuyo conocimiento las ciencias sociales nos ofrecen un mayor aporte. 
 
Pero la literatura puede expresar con mayor riqueza que la ciencia los efectos objetivos y subjetivos de las estructuras ARTICULOS 19 sociales "Tales efectos son siempre acontecimientos vividos e interpretados a partir de ciertas concepciones o visiones del mundo, que a su vez son resultado de una totalidad social determinada; marcos de referencia ideológicos, pues, que matizan estos efectos estructurales que sean la materia prima de la práctica literaria"
 
Es posible, por lo tanto, pensar el hecho literario como la producción y expresión de una experiencia dentro de una totalidad social y deducir las estrechas relaciones existentes de una obra literaria y la realidad social, económica, política e ideológica de su época y de la sociedad determinada que le dio origen. 
 
Es evidente, sin embargo, que en algunos autores y en determinadas obras estos elementos se expresan con mayor claridad y existe una mayor preocupación o insistencia en los aspectos sociales de la realidad. 
 
Uno de estos autores es Pablo Neruda, nuestro gran poeta, premio Nobel de Literatura en 1971. 
 
Dentro de la vasta producción de Neruda, se destaca como una de sus obras más geniales el Canto General, extenso poema dedicado a América Latina, en el que el artista expresa su ser americano en múltiples y bellas formas. 
 
Entre los variados motivos que Neruda desarrolla en Canto General, hemos seleccionado para este trabajo el de la identificación del poeta con los oprimidos, para los cuales quiere ser la voz, de modo que ellos puedan expresarse a través de su palabra poética. 
 
Neruda nos ofrece en Canto General una visión personal, totalizante y llena de pasión, del continente americano. 
 
Este poema es un canto a su geografía, a su cultura indígena, al hombre americano y a sus luchas, al mismo tiempo que una denuncia de su explotación a través de la historia. 
 
En una de las conferencias dictadas en 1954 en la Universidad de Chile, el poeta manifestó que su idea de un Canto General había empezado a desarrollarse después de su visita a Machu Picchu. 
 
"Después de ver las ruinas de Machu Picchu, las culturas fabulosas de la antigüedad me parecieron cartón piedra, de papier maché... Ya no pude segregarme de aquellas construcciones. 
 
Comprendía que si pisábamos la misma tierra hereditaria, teníamos algo que ver con aquellos altos esfuerzos de la comunidad americana, que no podíamos ignorarlos, que nuestro desconocimiento o silencio era no sólo un crimen, sino la continuación de la derrota". 
Neruda rompe el silencio con esta obra. 
 
El poema entero es un canto a América, que trata de exaltar la raíz de lo propiamente americano: aquello que se relaciona más directamente con la naturaleza, con el indígena, con la lucha por la liberación del continente de influencias extranjeras. 
 
El héroe que se nos presenta es el hombre americano, no un hombre abstracto o impersonal, sino el hombre concreto, olvidado y sin voz, el hombre que trabajó y sufrió en la construcción de Machu Picchu, el indígena, el servidor, el artesano, el obrero, el campesino, el pueblo. 
 
El poeta no canta a los Incas ni a los conquistadores ni a los nobles, sino que eleva a la dignidad de héroes a los seres humildes y nimios: Juan Cortapiedras, Juan Comefrio, Juan Piesdescalzos. 
 
Es el pueblo que se llama Juan, y que a través de su oficio y de su trabajo Inserta su vida personal en la de la comunidad. 
 
El poeta identifica sus oficios: "Mírame desde el fondo de la tierra labrador, tejedor, pastor callado: domador de guanacos tutelares: albañil del andamio desafiado: aguador de las lágrimas andinas: joyero de los dedos machacados: agricultor temblando en la semilla: alfarero en tu greda derramado:
 
El narrador se Identifica con el pueblo y con el indígena, se siente comprometido con ellos, participando con ellos hasta convertirse en cada uno de los seres perseguidos y oprimidos, vejados y aplastados a través de la historia latinoamericana. 
 
A ese pueblo Indígena americano, anónimo y desconocido, a ese invisible obrero, presencia oscura que no figura en la prensa ni en los libros de la historia, cuya sangre ha regado la tierra de América y cuyo esfuerzo la ha hecho fructificar, es al que el poeta trata de destacar. 
 
El quiere ser la voz de ese pueblo sin voz: "Yo estoy aquí para contar la historia" , y para contarla no sólo a modo de recuerdo, sino porque a través de este canto saldrá a la luz lo desconocido, existirá lo hasta ahora Inexistente, lo muerto renacerá a la vida. Por eso el poeta Insiste: "Yo vengo a hablar por vuestra boca muerta" 
 
Toda esta realidad desconocida está enterrada, sumergida. 
 
Estos hombres están hundidos en el olvido, la soledad, la no existencia. 
 
De ese abismo profundo quiere sacarlos el narrador, allí se acerca, en esas duras cavidades quiere "hundir la mano" para que en ella palpite "como un ave mil años prisionera, el viejo corazón del olvidado". 
 
Neruda siente que su vocación de poeta tendrá su expresión más pura y auténtica en ser la voz del silencio americano. Se siente llamado, exigido a hacerlo, precisamente como una tarea fundamental de su vocación. 
 
En el poema Centro América, de "La Arena Traicionada", se retrata a sí mismo recorriendo la tierra americana, llamando a las puertas para hablar, tocando las lenguas amarradas, levantando las cortinas que impiden ver, descubriendo así el gran silencio establecido sobre los dolores y la agonía de los pueblos. 
 
En esta búsqueda, se dirige primero a Machu Picchu y la interroga:
 
"Machu Picchu, pusiste piedra en la piedra, y en la base, harapo? Carbón sobre carbón, y en el fondo la lágrima? Fuego en el oro, y en él, temblando el rojo goterón de la sangre? Devuélvase al esclavo que enterraste! Sacude de las tierras el pan duro del miserable, muéstrame los vestidos del siervo y su ventana. 
 
Dime cómo durmió cuando vivía. 
 
Dime si fué su sueño ronco, entreabierto, como un hoyo negro hecho por la fatiga sobre el muro". 
 
Y después habla directamente a los servidores: "Mostradme vuestra sangre y vuestro surco, decidme: aquí fui castigado, porque la joya no brilló o la tierra no entregó a tiempo la piedra o el grano: señaladme la piedra en que caísteis y la madera en que os crucificaron, encendedme los viejos pedernales, las viejas lámparas, los látigos pegados a través de los siglos en las llagas y las hachas de brillo ensangrentado". El narrador nos muestra luego los dolores del pueblo indígena en la conquista de América por los españoles, la destrucción de su cultura, la entrega de sus tesoros, el tormento y la muerte. 
 
Cuauhtémoc, Atahualpa, Caupolicán, Lautaro, son símbolos de la resistencia indígena, de la defensa heroica de su libertad, pero son vencidos: "Los hijos de la arcilla vieron rota/ su sonrisa, golpea. da/ su frágil estatura de venados/ y aún en la muerte no entendían" . El corazón del Indio se llena de "una congoja amarga como la amarga esencia de la quina", sus reinos enmudecen y mueren: "De aquel galope de Pizarro/ en los linares territorios/ nació un silencio estupefacto". La tierra americana se hace soledad, silencio y espesura.
 
El indígena entra en el silencio: "Se hicieron sombra los padres de piedra, se anudaron al bosque, a las tinieblas naturales, se hicieron luz de hielo, asperezas de tierras y de espinas, y así esperaron en las profundidades de la soledad indomable". 
 
En el poema "Los indios", el poeta denuncia la destrucción del indígena que dura hasta nuestros días, el desmoronamiento de su heredad en manos de magistrados, rateros y hacendados: "todos tomaron su imperial dulzura, todos se le enredaron en la manta/ hasta que lo tiraron desangrándose a las últimas ciénagas de América". 
 
Expulsado de sus tierras, hundido en la pobreza, desbaratado por el vino, el indio se hace ajeno de un mundo que fue suyo, huye y se transforma en atmósfera Invisible, en un fantasma que entra "a la única puerta que le abrieron,/ la puerta de otros pobres, la de todos/ los azotados pobres de la tierra." 
 
El poeta desarrolla en el poema "Los Jueces" la impotencia de los indios frente a la legalidad vigente en América, que los aplasta y que no entienden, destacándose claramente el tópico básico de la contradicción esencial entre la naturaleza, representada por los indígenas, y la cultura o lo artificial, representado aquí por el mecanismo jurídico: "Te atestiguaron, te pusieron sellos/ en la camisa, te forraron/ el corazón con hojas y papeles,/ te sepultaron en edictos fríos,/ y cuando despertaste en la frontera/ de la más despeñada desventura,! desposeído, solitario, errante,/ te dieron calabozo, te amarraron,/ te maniataron para que nadando/ no salieras del agua de los pobres,/ sino que te ahogaras pataleando". 
 
El narrador se pregunta cómo se hizo la tierra tan amarga para sus hijos, cómo pudo cometerse toda esta Injusticia y siente que debe denunciarla: "Así pasó y así lo dejo escrito.! Las vidas lo escribieron en mi frente". Continuando con su búsqueda y avanzando en su misión de mostrar al hombre americano mayoritario y anónimo, el hablante pone luego su atención en el pueblo, nacido de las raíces del Indígena, y como él, olvidado y explotado. 
 
Su voz interroga nuevamente: "Pueblo mío, ¿qué dices? marinero/ peón, alcalde, obrero del salitre, ¿me escuchas?". El poeta recorre la tierra de América, observa en el campo el duro trabajo de los peones, va a las fábricas, recorre las minas y los desiertos, conversa con los pescadores, nada se escapa a su mirada lúcida y a su oído atento. 
 
Así descubre en todas partes el silencio del hombre, "como un mineral duro/ cuya veta de frío hiela la luz de su alma" y detrás de ese silencio el "ronco grito de aguas y seres", el llamado dulce y desamparado de los seres perdidos. 
 
"Me entregué a los desiertos y el hombre de la escoria/ salió de su agujero, de su aspereza muda/ y supe los dolores de mi pueblo perdido" .
 
En diversos poemas, el narrador va mostrando estos dolores: "Ellos me dijeron: "Mira, hermano, cómo vivimos"... Y me mostraron sus raciones de miserables alimentos, su piso de tierra en las casas, el sol, el polvo, las vinchucas, y la soledad inmensa..." "El pueblo volvió de las guerras, se hundió en las minas, en la oscura profundidad de los corrales, cayó en los surcos pedregosos, movió las fábricas grasientas, procreando en los conventillos, en las habitaciones repletas con otros desdichados".
 
"Entre los cercos el estambre del ser humano fue ahogado, el niño fue enterrado vivo, se le negó el pan y la letra, se le marcó como inquilino, se le condenó a los corrales. 
 
Pobre peón infortunado entre las zarzas, amarrado a la no existencia, a la sombra de las praderías salvajes " "Una huelga más, los salarios no alcanzan, las mujeres lloran en las cocinas, los mineros juntan una a una sus manos y sus dolores. 
 
Es la huelga de los que bajo el mar excavaron, tendidos en la cueva húmeda, y extrajeron con sangre y fuerza el terrón negro de las minas..." 
El poeta se identifica con este pueblo sufriente: "Pero yo fui de esos tormentos". 
 
Al acercarse y entrar en el abismo, va aproximándose al pueblo "hasta sumirse en hombre, en agua/ de lágrimas como estalactitas,/ de pobre sangre despeñada,! de sudor caído en el polvo" .
 
En el poema "Los hombres del nitrato" se muestra a sí mismo escuchando la voz que viene desde el fondo y que le dice": "Adonde vayas,/ habla tú de estos tormentos,/ habla tú, hermano, de tu hermano/ que vive abajo, en el infierno". Y el narrador responde: "Yo te oigo, hermano muerto, hermano vivo, te oigo,! lo que tú deseabas, lo que enterraste, todo,/ la sangre que en la arena y en el mar derramaba,! el corazón golpeado que resiste y asusta"! .
 
Es esto lo que el poeta tiene la misión de trasmitir, de dar a conocer a través de sus palabras y de su sangre. 
 
El impacto de toda esta realidad y del velo de silencio que la cubre, le hace visualizar a América como una gran campana llena.de silencio: "Desierta eres América como una campana:/ llena por dentro de un canto que no se eleva..." .
 
El silencio del pueblo es el silencio de América, continente que no vive porque no se expresa. 
 
El silencio del pueblo es la muerte de América. 
 
En el poema, los tiempos se confunden. 
 
El canto del poeta se expresa y "sus labios se abren sobre todo el tiempo", no sólo sobre el pasado sino también sobre el presente y el futuro. 
 
La muerte no es sólo la muerte física, es también la muerte del dolor, la explotación, el abandono, la pobreza, el desconocimiento. 
 
La realidad del indígena de otras épocas se enlaza y se mezcla con la del indígena actual, con la del campesino, del obrero, para quienes la muerte está llegando cada día: "no una muerte, sino muchas muertes llegada a cada [uno: cada día una muerte pequeña, polvo, gusano, lámpara que se apaga en el lodo del suburbio, una pequeña [muerte de alas gruesas entrada en cada hombre como una corta lanzar 
 
Y esta muerte es una muerte que no afecta a nadie, que no conmueve, es como si no existiera: "y la muerte del pueblo fue como siempre ha sido: como si no muriera nadie, nada, 22 como si fueran piedras las que caen sobre la tierra, o agua sobre el agua" 
 
Estos son los muertos con los cuales el poeta se identifica: «Nuestros muertos, los que hundieron la mano en el cobre, aranaron la tierra profunda y severa, mueren golpeados y olvidados, apresuradamente puestos en sus cajones funerales: un nombre, un número en la cruz que el viento sacude, matando hasta la cifra de los héroes"  Y ahora desaparecieron, nadie sabe dónde están, "No tienen tumba, están dispersos/ en las raíces de la patria" .
 
La esencia de lo americano, las raíces de la patria están en lo profundo de la tierra, donde se encuentran estos muertos. 
 
Ellos conforman las entrañas de América, regadas con el dolor y la sangre del pueblo: "En las entrañas de mi patria entraba la punta asesina hiriendo las raíces sagradas. La sangre quemante cala de silencio en silencio, abajo, hacía donde está la semilla esperando la primavera. Más hondo caía esta sangre. Hacia las raíces caía. Hacia los muertos caía. Hacia los que iban a nacer" 
 
La muerte, el silencio, la soledad, la sombra, ocultan la raíz, cubren la semilla: "y parece enterrado el pueblo.! Pero el maíz vuelve a la tierra./ Atravesaron el silencio/ sus implacables manos rojas.! Desde la muerte renacemos" .
 
 El maíz, originario de América, representa aquí la esencia de lo americano, simboliza su vitalidad, que renace desde la muerte. El maíz lleva el canto del poeta, salido de las raíces del pueblo, "para ser otra vez semilla/ más numerosa que la tormente". 
 
 El narrador busca continuidad y vida no en lo Individual ni en lo ideal, sino en lo colectivo y en lo concreto: el territorio americano, sus montañas, sus ríos, sus ciudades, sus árboles, sus hombres. 
 
Es Juan, trabajando, pescando y combatiendo, cuyos huesos están en todas partes, pero vive. "Regresó de la tierra. Ha nacido./ Ha nacido de nuevo como una planta eterna" .
 
 Es el árbol del pueblo cuyas raíces están vivas, nutridas por la sangre y las lá- grimas, y "que crece en medio de la tierra" . 
 
El narrador quiere estar al lado de este pueblo en sus luchas, ayudarlo a renacer: "Sube a nacer conmigo, hermano/. Dame la mano desde la profunda/ zona de tu dolor diseminado." . 
 
Se repite, en varias partes del poema, el motivo de las manos que el poeta tiende para asir las del hombre olvidado y sacarlo hacia el sonido y la luz: "Aquí están mis manos perdidas"..."Dame la mano en esta ruptura del planeta". .. Dame tus manos".. . En el contacto de ambas manos el narrador busca comunicar vida: "Y así de tierra en tierra fui tocando el barro americano, mi estatura, y subió por mis venas el olvido recortado en el tiempo, hasta que un día estremeció mi boca su lenguaje" Así, el poeta, puede divulgar el mensaje y la palabra del pueblo, cuyas "letras transparentes se formaron con sudor y silencio". 
 
Estas son las palabras que el narrador quiere que se repitan y repitan, para que no se olviden más: "Y se canten de día y de noche,/ y se muerdan y se devoren,/ y se propaguen por la tierra,/ y se hagan, de pronto, silencio,/ se hundan debajo de las piedras,/ encuentren las puertas nocturnas,/ y otra vez salgan a nacer,/ a repartirse, a conducirse/ como el pan, como la esperanza,/ como el aire de los navíos". 
 
Su voz tiene la fuerza del pueblo "para atravesar el silencio y germinar en las tinieblas" y no se siente solo en la noche ni en la oscuridad de la tierra, porque es pueblo, pueblo innumerable. 
 
El narrador se ha convertido ya en la voz de los sin voz, en canto que se eleva, en campana que divulga el sonido del pueblo con el cual se identifica: "No soy una campana de tan lejos, ni un cristal enterrado tan profundo que tú no puedas descifrar, soy sólo pueblo, puerta escondida, pan oscuro, y cuando me recibes te recibes a ti mismo, a ese huésped tantas veces golpeado y tantas veces renacido. 
 
A todo, a todos, a cuantos no conozco, a cuantos nunca oyeron este nombre, a los que viven a lo largo de nuestros ríos,al pie de los volcanes, a la sombra sulfúrica del cobre, a pescadores y labriegos, a indios azules en la orilla de lagos centelleantes como vidrios, al zapatero que a esta hora interroga clavando el cuero con antiguas manos, a ti, al que sin saberlo me ha esperado, yo pertenezco y reconozco y canto"  
 
Se ha producido, finalmente, la total identidad entre poeta y pueblo; ambas voces coinciden en una sinfonía coral, en la que se expresan los dolores, las luchas y la comunidad esencial del hombre americano. 
 
A través de su creación literaria, Neruda nos hace llegar de esta manera su visión de los oprimidos y los pobres de América. 
 
La realidad de este extenso grupo humano es reflejada por el poeta en su obra con gran fuerza expresiva. 
 
El artista es así conciencia social de su época, y la obra literaria un documento que nos permite una nueva aproximación a la realidad social desde una perspectiva no tradicional, complementarla de la científica, y profundamente enriquecedora.
 

Fuente:REVISTA DE TRABAJO SOCIAL Universidad Católica de Chile
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