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La opinión del hombre que se mantuvo al lado de Neruda siempre: don Manuel Araya

Raúl Valdivia Pizarro (Pancho Calama)

 

Don Manuel Araya, me comenta que ahora puede morir tranquilo. “El ser escuchado y reunir a tantas voluntades en torno de la justa causa que significa la defensa de Neruda, me indica que “sembramos para obtener un fruto, el fruto de la verdad, ahora debo cuidarme un poco más porque mi salud se encuentra algo resentida ,lo que más me ha fortalecido en la tremenda solidaridad consiente que recibí en mi viaje a Cuba, Neruda siempre me converso que esa revolución era de verdad y yo lo pude comprobar no porque me hayan recibido tantas autoridades de la cultura , sino porque pude observar a un pueblo valiente pero por sobre todo culto “.

 

“Debo señalar que asumir al enemigo no me produce miedo, pese a que me han amenazado de muerte por teléfono y de manera personal. Ante tanta insolencia, desde el parlamento sueco se han preocupado, la denuncia internacional hizo que estuviese un tiempo bajo medidas de protección y la policía me ha asesorado en ciertas precauciones.

 

Como señalo recibí el apoyo del parlamento sueco y debo agradecer al nerudiano Raúl Valdivia defensor profundo de la obra Antología Popular 1972 quien intercedió ante el nerudiano sueco diputado Torbjon Bjorlund, quien se comunicó con la ex embajadora de Suecia en Chile, Eva Zetterberg la que comunico a las autoridades de Chile que Manuel Araya gozaba de la protección del reino de Suecia, esta acción fue motivada por el asalto que recibí en mi domicilio, donde solo se substrajo mi computadora ,supongo que los asaltantes suponían que allí mantenía toda la información que se difunde al mundo y otras investigaciones”, comenta don Manuel.

 

Manuel Araya Osorio tiene un balazo en la pierna y un hermano desaparecido, al que asesinaron creyendo que era él. Por haber sido chofer, guardaespaldas y secretario de Pablo Neruda, quedó marcado de por vida. El poeta le había advertido que alguna vez lo castigarían por trabajar junto a él, aconsejándole que nunca dijera nada, aunque le sacaran los ojos.

 

Estuvo a su lado desde que el poeta regresó a Chile procedente de París, hasta tres horas antes morir en la clínica Santa María, el 23 de septiembre de 1973, cuando un doctor, que entró a la habitación, lo envió a comprar un remedio. A unas pocas cuadras, un grupo de civiles, armados y movilizados, lo interceptan, lo golpean, lo balean y lo llevan a una comisaría de Carabineros, desde donde lo trasladan al Estadio Nacional, entonces convertido en campamento de prisioneros.

 

Fue el 23 de septiembre de 1973. Poco antes de la medianoche, ese mismo día, muere en la clínica Pablo Neruda.

 

“Un maldito pinchazo lo mató mientras un avión lo esperaba en la loza para trasladarlo a México, dice, afirmando que el poeta no estaba enfermo como para morir y que fue él mismo quien les dijo a Matilde y a él que le habían suministrado una inyección en el estómago”. Lo habían internado en la clínica, pensando era un espacio seguro para resguardarlo y protegerlo mientras esperaban el salvoconducto que tramitaba la embajada de México y preparaban el vuelo.

 

Un ciudadano valiente

 

En el estadio Nacional lo torturaron hasta ver ante sus ojos su propia muerte, como el mismo dice. “Querían saber sobre la vida de Neruda, su relación con el presidente Allende, los dirigentes comunistas y sus planes”. Tras 45 días de arresto, el 17 de noviembre de 1973, lo dejaron libre a las doce de la noche. Tenía una herida de bala en la pierna izquierda, las costillas y la cabeza rota. Pesaba 33 kilos, apenas caminaba. El Cardenal Raúl Silva Henríquez, que lo conoció en Isla Negra, intercedió por él y su libertad.

 

Recuperado de sus heridas y fracturas, hizo todo lo que estuvo a su alcance para sacar su voz. Habló con Matilde Urrutia, pero ella no quiso denunciar nada. Temía la expulsaran del país y le quitaran los bienes.

 

Más tarde tocó las puertas de la Fundación Pablo Neruda y el mundo político. No le creían, no lo recibían o le pasaban una tarjeta, diciéndole que se contactarían con él. No le creían, pese a que las primeras informaciones de prensa (Diario El Mercurio y La Tercera) dan cuenta de que Neruda murió a consecuencia de un shock cardíaco, luego de una inyección. Ni las memorias ni los biógrafos recogen esta versión, remitiéndose al certificado de defunción, que señala como causal una metástasis de cáncer y al sesgo dado en torno a que llegó en estado grave a la clínica.

 

En 1992, no lo invitaron al funeral y sepultura que dejó al poeta mirando al mar. Rumbo a Isla Negra, al pasar el féretro y la comitiva frente a él, en la plaza de San Antonio, con lágrimas en los ojos, pañuelo al viento y el puño del Venceremos en alto, rinde un solitario, silencioso y anónimo homenaje. Lloró, una y otra vez. Era por pena, impotencia y por lo que considera el gran error: dejar solo a Neruda en la clínica al cuidado de su hermana, Laurita, que estaba medio ciega.

 

De tanto sufrir, se enfermó grave. Un pre-infarto le paralizó la mitad de su cuerpo. Por las noches, en sus sueños, el poeta lo animaba a seguir denunciando su asesinato.

 

Muchos desconocen o no quieren reconocer su rol en los últimos días de Neruda. En sus memorias, Matilde lo presenta como alguien lejano.

La verdad aunque sea aplastada, es la verdad, por eso es invencible.

 

En noviembre de 2011, el Partido Comunista de Chile interpuso una querella por asesinato y asociación ilícita, caratulada “Caso Neruda”. La investigación recae en el ministro en visita, Mario Carroza, quien luego de reconstruir la historia, decreta una orden de exhumar los restos.

 

En el marco de la investigación, funcionarios de la clínica admiten haber visto personas extrañas el día que murió Neruda. También se ha dicho que ninguno de los exámenes analizados da cuenta de la presencia de algún tumor maligno. Ahora serán las pericias forenses, sus análisis e informes los que determinen las causas de muerte.

 

Esperanzando en que la verdad y la justicia vuelvan la historia a la memoria colectiva, Manuel Araya nos dice,” cumplo con hacer volver la memoria y denunciar a los asesinos, la vida de mi niñez donde trabaje en el campo también cobra, hay días que me viene un agotamiento, sin embargo logro reponerme y sigo dedicado a mi trabajo de taxista por las calles. Bordeando los 70 años”. Descubrí que tiene una pensión que no alcanza ni al sueldo mínimo y con ello no vive sus días, me pregunto, existirá alguna autoridad gubernamental que comprenda el valor de este héroe, existirá alguien de esos elegidos que tengan vergüenza?

 

Su saber histórico lo ha mantenido en pie. Cuando allanaron su casa, la dictadura se llevó todos los libros que le había regalado el poeta con dedicatorias y una credencial: un rompe fila que usaba, según lo necesitara. Era un tarjetón blanco – que­, recuerda – decía lo siguiente: ruego a las autoridades pertinentes otorgar todas las facilidades de trabajo a mi secretario. Pablo Neruda.

 

Su médico le prohibió conversar sobre lo de Neruda, pero él sigue haciéndolo. Desde que la revista mexicana “Proceso” publicara el reportaje “Neruda fue asesinado”, basado en sus declaraciones, un poco antes de la querella puesta en Chile, no han parado de entrevistarlo. De todo el mundo lo buscan y le ofrecen proyectos para llevar su historia al cine y editar libros en otros idiomas. Desde Suecia, lo invitaron a un homenaje que rendirán al poeta Premio Nobel de Literatura, a 40 años de su muerte. También fue invitado a Cuba, sueño que acaba de cumplir.

 

Basado en su testimonio, el libro “El doble asesinato de Neruda”, de Francisco Marín y Mario Casasús, concluye que al poeta lo asesinaron físicamente e ideológicamente. Esto último, pues, según argumentan, sus bienes están secuestrados en manos de quienes no representan su voluntad. Los estatutos de la Fundación Cantalao, que no alcanzó a constituirse, mencionan como albaceas a dos representantes directos de él, a los rectores de las universidades de Chile, Católica y del Estado, a un dirigente de la Central Única de Trabajadores, CUT y uno dela Sociedad de Escritores, SECH.

 

Me comenta Araya ,que jamás olvidara el esfuerzo que ha realizado Raúl Valdivia en el campo nacional e internacional en la defensa de la obra de Neruda que se publicó en Chile destinada a todos los chilenos y que se recibiría gratuitamente ,obra desconocida por la fundación Neruda y que en el fondo ha autorizado su plagio dos veces.

 

Pablo Neruda está sepultado en su casa-museo de Isla Negra. Quienes quieran visitarlo y ponerle flores en su tumba, primero tienen que abrir su billetera y comprar una entrada que cuesta cuatro mil pesos. Manuel Araya, su chofer y secretario, sostiene que a Pablito, como le decía, porque – según sus propias palabras – psicológicamente era un niño, lo tienen solo y aislado de aquellos a quienes verdaderamente pertenece.

Raúl Valdivia Pizarro

Productor-Editor Cultural
Vice ordförande Föreningen Pablo Nerudakommittén i Sverige
Vice presidente ADDHEE/ONG Chile
Vice presidente PaN/ONG Chile


* Fuentes:

www.antologiapopular1972.cl

Intercambios con don Manuel Araya, en vuelo hacia Cub.

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